La inmortalidad cuántica

Escrito por Felip Granados

Hay una línea muy fina entre la maravilla y la pesadilla. Nos han vendido la mecánica cuántica como un terreno fascinante de partículas entrelazadas, superposiciones y universos paralelos donde las leyes de la física juegan a ser Dios. Pero cuando aplicas esa misma lógica a tu propia experiencia subjetiva —a eso que llamamos “yo”—, el resultado deja de ser ciencia ficción y pasa a convertirse en una auténtica historia de terror.

Hablamos de la inmortalidad cuántica. Y si nos detenemos a pensar en lo que implica de verdad, casi que prefiero que la física clásica tenga la razón.

El dulce espejismo del multiverso

Para entenderlo, hay que remangarse un poco con la interpretación de los muchos mundos de Hugh Everett. Imagina que te encuentras ante una situación de muerte: un accidente de tráfico, una enfermedad fulminante o un asesinato. Según esta teoría, cada vez que el universo se enfrenta a un evento cuántico con múltiples resultados posibles, no elige uno: se divide.

En una rama de la realidad, la palmas. Pero en otra, por un margen estadístico tan absurdo que roza lo imposible, las moléculas de tu cuerpo se alinean de otra forma, el arma falla o el diagnóstico es erróneo. Y como tú solo puedes experimentar aquello donde tu conciencia sigue activa, tu perspectiva subjetiva siempre viaja por la línea temporal donde sigues vivo.

Sobre el papel, suena a superpoder involuntario. Nunca mueres. Siempre hay un mañana, una rendija de probabilidad por microscópica que te permite esquivar el final.

Joder… no se si eso es cojonudo o siniestro.

El problema surge cuando dejas de mirar la ecuación como un ejercicio abstracto y te pones en la piel del superviviente absoluto. Porque la inmortalidad cuántica no te otorga juventud eterna ni invulnerabilidad física, solo te garantiza que sigues consciente.

Lo cual, nos enfrenta con las siguientes situaciones:

El desgaste mental: Sobrevivirás a accidentes cada vez más horribles, acumulando secuelas, dolor crónico y deterioro celular, porque en las ramas donde tu cuerpo queda destruido por completo no hay observador. Solo sigues en aquellas donde la carne resiste, aunque sea a base de milagros estadísticos tan tortuosos que desearías no haber cruzado la esquina.

Situación final: ¿Y qué pasa cuando el universo mismo se encamina hacia su muerte? Cuando las estrellas se apaguen, las galaxias se desarmen y la materia empiece a disolverse, la probabilidad de seguir encontrando una anomalía cuántica que mantenga tu cerebro funcionando se volverá infinitamente escasa… pero no cero. Y mientras exista esa posibilidad remota, tu conciencia seguirá atrapada en un cosmos frío, mudo y completamente vacío.

La peor pesadilla es el mañana

La inmortalidad cuántica elimina la paz definitiva. Nos quita el descanso del cese, el consuelo de que, pase lo que pase, tarde o temprano todo se apaga y el dolor cesa. Nos convierte en prisioneros de un tren descarrilado cuyos vagones se multiplican hacia el infinito, obligándonos a mirar cómo se quema todo a nuestro alrededor mientras seguimos respirando por pura inercia matemática.

La física no te está diciendo que, te pase lo que te pase, nunca vas a poder escapar de ti mismo.

Vaya tela con las matemáticas del universo. ¿A vosotros también os ralla tanto como a mí?

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad
Logo RF
ESCUCHANDO

Selecciona un relato...

0:00 / 0:00
🔊