Dijiste que no pasaba nada. Que solo era una noche más y que lo pasaríamos bien. Pero no fue así, te insistí, y tu no me hiciste caso. Quizá te lo merecías… quien sabe.
Al fin y al cabo, no hay nada peor que un necio… eso decía mi madre. Entonces ocurrió, y al principio me asusté, lo pasé realmente mal, pero finalmente aprendí… y bueno, estoy muy bien ahora. ¿Tu no?
He de reconocer el acierto que fue que te encendieras el cigarro… Esa chispa en tu mano solo sirvió para indicarle el camino.
D.L.

