Anatomía de Dune: La fiebre barroca de Lynch frente al brutalismo de Villeneuve

Dune: Lynch vs Villeneuve
Escrito por Felip Granados

¿Preferimos al cineasta que se la juega y sangra en pantalla aunque la película le salga imperfecta, o al ingeniero que entrega una catedral impecable a la que a veces le cuesta transmitir emoción?

A veces es difícil responder a eso.

Adaptar a Frank Herbert es una misión suicida. La novela original es un bloque de hormigón narrativo, plagado de monólogos internos, intrigas palaciegas y ecología política que desafía cualquier intento de transición hacia lo audiovisual. Alejandro Jodorowsky se estrelló antes siquiera de encender las cámaras. David Lynch salió del rodaje de 1984 con cicatrices, renegando de un montaje final mutilado por los productores. Denis Villeneuve, aprendió de los cadáveres de los anteriores. Entendió que para no estrellarse no podía ser un visionario descontrolado ni dejarse llevar por las tripas. Décadas después, montó una superproducción de taquilla fría, exacta y colosal. Pura supervivencia.

Podríamos decir que Villeneuve domesticó un libro inadaptable quitándole la mugre, la locura psicodélica y los excesos emocionales, convirtiéndolo en una maquinaria visual perfecta, milimétrica y sobrecogedora.

No obstante, la versión de Lynch tiene un alma grotesca y perturbadora que el cine actual es incapaz de replicar. Son dos monstruos distintos. Dos Arrakis. Vamos a destriparlos.

Arrakis es una trituradora de egos. Algunos directores sobreviven a la arena ahogándose en su locura, otros intentan someterla con CGI.

Sobre el entorno, el alma del desierto y los gusanos de arena

El entorno es una particularidad importante en la ciencia ficción. Arrakis, al margen de ser un decorado, es también un depredador. Un planeta hostil que tiene una entidad brutal. La forma en que ambos cineastas materializaron este infierno desértico define el núcleo de sus películas.

Plástico y artesanía en el 1984: Lynch no tenía granjas de renderizado. Tenía plástico, látex, miniaturas y un equipo de diseño industrial que apostó por un retro-futurismo bastante cargado. Su universo huele a aceite quemado y a sudor rancio. Los decorados físicos obligaban a encuadres claustrofóbicos. Todo en la pantalla se sentía palpable, sucio y enfermo. Los Harkonnen supuraban, sangraban, estaban físicamente corrompidos. Es una estética hipertrofiada donde las limitaciones técnicas parieron un horror corporal que se te clava en la retina (El barón Harkonnen de Kenneth McMillan es el ejemplo más claro de ello)

CGI y el estilo digital en el 2021: Villeneuve opera en el extremo opuesto. Construye catedrales de brutalismo. Sus naves son monolitos silenciosos suspendidos sobre un vacío aséptico. Usando escenarios gigantescos procesados digitalmente, empequeñece al ser humano. Su Arrakis es inmenso, aplastante y sobrecogedor.

A m juicio, el Arrakis de Villeneuve consigue mejor el propósito de ser un planeta depredador.

En cuanto a los gusanos de arena, los Shai-Hulud. En 1984, la tecnología obligó a Lynch a esconderlos. Apenas veíamos fragmentos rígidos de la bestia, tubos estriados que emergían entre explosiones de polvo. No obstante, una curiosa carambola de ese ocultamiento forzad, era que generaba un terror primario. El miedo a lo desconocido. En este caso, lo que no ves te puede acabar devorando.

En la era de Villeneuve, con toda la potencia de los motores de render actuales, los gusanos son hiperdetallados y sin embargo… rozan la decepción. Son masivos, sí. Están perfectamente texturizados. Pero se perciben como otro activo digital genérico sobre el terreno. Tienen el tamaño, pero les falta la sensación de amenaza, ese peso grotesco y viscoso que te hace encoger en la butaca.

Sobre el diseño de sonido y la voz de las Bene Gesserit

Un mundo no solo se ve, se escucha, eso lo tengo clarisimo. Y aquí es donde la técnica pura y la dirección de audio separan a las personas de los dioses XD. La orden Bene Gesserit utiliza “la voz”, una modulación vocal capaz de doblegar el sistema nervioso de quien la escucha.

La Voz en la película de Lynch es una brutalidad absoluta. Cuando Paul o las reverendas madres la usan, escuchamos un multitrack superpuesto, una polifonía distorsionada de tonos guturales que se mezclan con frecuencias graves. Rompe el umbral. Suena agresivo y desgarra la continuidad acústica de la escena. Te incomoda físicamente. Es magia negra sonora, violenta y antinatural. Tiene un alma sádica. A mi me encanta… creo que queda claro, jeje.

Villeneuve, apoyado por el diseño de sonido estilizado de la era moderna, toma otro camino. Su versión de La Voz tira de cero graves y un sutil pitch shifting de la voz del actor. Tiene poca fuerza. Pierde ese desgarro vocal que Lynch logró.

He de decir que estuve esperando desde el principio de la película escuchar a Paul haciendo callar a la reverenda madre… quedé bastante decepcionado.

Por otro lado, y refiriéndonos a otros aspectos de audio de estas obras, hay que decir que Lynch cometió el pecado de usar y abusar del pensamiento en voz en off. Susurros constantes para explicar la trama política. Un recurso torpe para meter un libro de cientos de páginas en dos horas.

Villneuve, por otro lado, confía ciegamente en que los sonidos y la banda sonora inmersiva nos engulla dentro de la pantalla. El zumbido biomecánico de los ornitópteros, el crujido de la arena bajo los destiltrajes, la percusión industrial de Hans Zimmer. El universo de 2021 te explica sus reglas acústicamente, sin pronunciar una sola línea de diálogo innecesaria. Eso es brillante, la verdad.

Personalmente, del audio me quedo con la voz de Lynch, y la inmersividad de Villeneueve… aunque admito que también me encanta la BSO de la película de 1984.

Sobre los personajes

El casting es una declaración de intenciones. Los rostros elegidos dictan el tono de la obra desde un principio y por ello es un proceso sumamente importante.

Los ochenta pedían exceso y Lynch se lo dio. Kyle MacLachlan construyó un Paul Atreides rígido y serio, recitando líneas con una potencia teatral digna de un escenario londinense. Kenneth McMillan convirtió al Barón Harkonnen en un monstruo sádico, un saco de fluidos volador que… literalmente, daba bastante grima y asco. Sus actuaciones estaban pasadas de rosca, histriónicas, pero que encajaban perfectamente en el tono alucinatorio y febril del montaje y de la época. Tenían un carisma… como decirlo… ¿radiactivo?.

El milenio actual demanda otras cosas. Timothée Chalamet crea un Paul adolescente aterrado por el peso de una yihad galáctica, actuando desde la contención absoluta. Todo es mirada, postura y silencio. Stellan Skarsgard encarna a un Barón radicalmente opuesto al de Lynch: estático y silencioso. Da miedo porque no necesita gritar ni supurar, su mera presencia en pantalla se traga la luz.

Y como no… tenemos la dicotomía de los Feyd-Rautha Llegamos al hueso de la disputa. El sobrino del Barón. El reflejo oscuro de Paul. Lynch nos dio a Sting. Un rockstar en taparrabos, exudando arrogancia, sonrisas psicópatas y un magnetismo estrafalario puramente ochentero. Era un villano de cómic, ridículo y genial. Villeneuve soltó a Austin Butler. Un psicópata monocromático, sin pelo, sin cejas, moviéndose con la letalidad de un reptil y hablando con la cadencia de su tío. Un diseño que bebe algo de H.R. Giger. Butler impone un terror físico y marcial indiscutible. Sting ofrecía una locura impredecible y descarada.

Para mi gusto, la locura que emanaba del Feyd-Rautha de Sting era brutal, y me encantó. No obstante, sería imposible de introducir en el film actual, iba acompañada de todo el entorno.

Sobre la especia: Psicodelia vs. Geopolítica

Y bueno, para cerrar el círculo de esta disección, no quiero dejar de hablar de la especia, la “Melange”. Ha sido tratada con un enfoque diferente. Lynch enfocó la especia como una puerta directa al esoterismo de aquella época. Sus personajes literalmente viajan por el cosmos doblándolo con la mente en secuencias psicodélicas llenas de superposiciones visuales. La especia es magia arcana utilizada en esencia por la cofradía de navegantes.

Villeneuve la ancla a la realidad. Su especia brilla sutilmente en la arena, pero su enfoque es más mercantil. Es oro negro. Es la geopolítica del petróleo trasladada al espacio exterior. Los viajes de los navegantes del gremio ocurren fuera de cámara (o de forma muy velada). El misticismo existe, pero está ahogado por la burocracia imperial y militar.

¿Tu que opinas?

Quien busque la perfección visual, la inmersión total sin fisuras y el diseño industrial más brutal de la década, tiene que arrodillarse ante Villeneuve. Su obra es una maquinaria suiza de precisión audiovisual.

Pero la película de 1984 tiene algo que el dinero y el CGI no pueden comprar: locura pura y sin filtrar. Lynch creó imágenes que te persiguen. Hay escenas que quedan grabadas. Su imperfección es su mayor virtud.

¿Qué veneno eliges? ¿El psicópata rockero de Sting o el carnicero de Butler? ¿La banda sonora de 1984 o la de 2021? Sacad los cuchillos 🤣

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