Leyendas de Korian Escudo URT
Novela
IV
CAPÍTULO IV

La única salida – Decisiones

Descubre la historia de Freginald Tuerceclavos y su mecanismo de defensa. Mientras la oscuridad asedia Urt, la Reina Jenna planea una huida desesperada.
headphones Audio Próximamente
| | |
Autor Felip Granados
Fecha 28 de abril, 2026
Tiempo 9 Minutos

Freginald, el héroe gnomo, vivió en la era de las Guerras Tempranas, un tiempo en el que la tierra aún se mantenía unida como un vasto y sólido continente. Sin embargo, el insaciable apetito de poder del líder Albo, Ikán, desató conflictos de consecuencias devastadoras. Las feroces batallas de dragones y la magia desatada desgarraron los reinos y la propia tierra, y fragmentaron así el continente de Galandria.

Las diferencias entre las facciones que anhelaban la expansión del imperio y las que no salieron a la luz con las primeras muertes en las cámaras de hechicería de Selenia. En los concilios que allí se celebraban, los asesinatos ocurrían cada vez más a menudo.

Gradualmente, a través de las beligerantes cartas que se cruzaban entre las regiones orientales y occidentales, se fue fermentando una guerra de tal envergadura que, incluso miles de años más tarde, seguiría dejando un reguero de muerte a su paso. De las cenizas de este conflicto nacieron tres grandes reinos: Selenia, al sudoeste, erigida como baluarte de la paz y la armonía con la naturaleza; el imperio Albo, en el noreste, cuya ambición era la expansión territorial sin límites; y Unimanor, situada en el corazón estratégico del continente, desempeñando el papel de fuerza mediadora entre los dos gigantes enfrentados.

Fue con ese telón de fondo cuando la cofradía de gnomos de Kalam Denor proclamó su gran invento para la defensa de Urt, capital de Selenia. Los mayores ingenieros gnomos, liderados por Freginald Tuerceclavos, aseguraron conocer la manera de «enfrascar» toda una ciudad con una gruesa capa de metal.

El proyecto fue meticulosamente examinado por los alquimistas, científicos y hechiceros humanos más eruditos de la época. En aquel momento concluyeron que la vasta colección de mapas y manuales que detallaban los cálculos del «Mecanismo Escudo Defensor Gnomo de Freginald Tuerceclavos y Amigos» ostentaba una complejidad abrumadora, situándose más allá del entendimiento de cualquier persona.

Freginald, pese a ser un científico e inventor con una notable excentricidad, mantenía una excelente reputación entre humanos y enanos a lo largo del continente. Muchas de sus creaciones se habían vuelto imprescindibles en el día a día de aquellos tiempos. El gnomo logró forjar amistades valiosas gracias a sus artefactos revolucionarios.

La «Demoledora Parcial de Rocas Alimentada por Movimiento», que mejoraba y reemplazaba a la versión anterior alimentada por luz, consolidó la confianza de los enanos, quienes inicialmente habían dudado de la viabilidad de dispositivos subterráneos que dependieran de la luz para operar.

La necesidad de reforzar la defensa en Selenia se volvía más imperiosa con cada día que pasaba. A medida que la guerra adoptaba un cariz más cruel y sangriento, y considerando que el pacífico reino de Selenia poseía una capacidad militar significativamente inferior a la de su adversario oriental, se tomó una decisión trascental por orden de Hamilen, gobernante de Urt en aquel entonces: se autorizaría la instalación del escudo gnomo. Esta decisión vino acompañada de una condición ineludible: la supervisión del proyecto debía recaer en manos de los enanos, dada la considerable cantidad de excavaciones subterráneas que implicaba.

Y así se llevó a cabo aquella monumental obra, lo que inmortalizó para siempre la gloria del pueblo gnomo gracias a su tecnología e ingenio. Selenia alcanzó su apogeo tras el fallido intento de invasión de Thot Burkan, un ambicioso líder Albo. Este, tras sobrevolar las vastas extensiones del continente con sus dragones, llegó a Urt con la intención de sorprender y derrotar a sus adversarios de una vez por todas. Sin embargo, la sorpresa fue para el cacique del norte, quien se encontró con un imponente óvalo metálico en lugar de la ciudad que pretendía conquistar.

***

Habían transcurrido dos horas desde que los caballeros intentaran la infructuosa misión de exploración. Artur se encontraba informando a Jenna sobre ello y detallando el incidente con la extraña criatura. Con renovada insistencia, el caballero expresó una vez más su deseo por utilizar el mecanismo gnomo.

Se encontraba sentado frente a la reina, en la sala de audiencias del castillo. Jenna había escuchado con serenidad el informe del jefe militar, pero su semblante daba a entender algo más profundo que una simple aceptación de los hechos.

A Artur no le pasó desapercibida la preocupación de su soberana; había vivido largos años a su servicio y conocía bien las expresiones de su rostro.

—Lamento las malas noticias, mi señora —dijo con tristeza.

Jenna sonrió amablemente al percibir el cuidado que este ponía en sus palabras.

—No lamentéis lo ocurrido como si fuera culpa vuestra. Mi pesar se basa en la opción que debemos tomar; creo que es inminente —respondió ella.

—¿Os referís a la utilización del mecanismo gnomo? —preguntó Artur con renovada esperanza.

Jenna desvió su mirada hacia el exterior, a través de un gran ventanal de pulcra manufactura.

—Me refiero a todo lo que ello conlleva; posiblemente tengamos que recurrir a la escapatoria subterránea si en breve no mejoran las condiciones.

Artur se sobresaltó por un instante, aunque reconocía para sus adentros que él también había estado cavilando sobre aquella compleja y peligrosa idea.

—Mi señora —intervino con aire preocupado—, las profundidades conllevan peligros que…

—Sé lo que ello conlleva —le interrumpió ella—, pero la confirmación de criaturas hostiles sitiando nuestra ciudad no nos deja mejores alternativas. Tenemos granjas y cultivos con recursos suficientes para abastecernos durante un tiempo, pero esa capacidad no es infinita. No podemos esperar a que nuestro pueblo muera de hambre cuando escaseen las existencias.

—¿Y si activáramos el escudo de Freginald y, una vez protegidos, usáramos el orbe para pedir ayuda? —preguntó Artur.

—No funcionaría, Árgam tiene razón en que el orbe necesita de una conexión con el exterior. El pasadizo subterráneo podría ser nuestra única salida.

—El concilio no estará jamás a favor de esta decisión —repuso Artur con un tono de voz más amigable que severo.

—Lo sé. Los hechiceros son muy inteligentes pero recelan de todo aquello que no pueda resolverse mediante la magia, por ello te pido que en secreto prepares un plan de evacuación para nuestro pueblo. Espero que Alhum oiga nuestras plegarias y rezo porque nuestra situación mejore, pero debemos estar preparados para lo peor.

—Mi señora, si realmente debemos considerar esa opción… —Hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Deberíamos contemplar la posibilidad de que no todos los ciudadanos estén de acuerdo con la evacuación. Algunos temerán bajar a esas profundidades harto tiempo olvidadas, y los más orgullosos incluso verán esta acción como una retirada, una señal de que hemos perdido la fe en nuestras defensas.

Jenna, sin apartar la vista del ventanal, asintió lentamente.

—Lo sé, Artur. Pero hay momentos en que la supervivencia debe prevalecer sobre el miedo y el orgullo. Si nuestro escudo mágico cede, quiero que nuestros ciudadanos tengan la oportunidad de escapar.

Artur la miró con respeto, entendiendo la carga emocional de sus palabras.

—Eso lo comprendo bien, pero… ¿y si el escape se convierte en una trampa en sí misma? Las profundidades de la tierra no son más seguras que la superficie. No sabemos qué horrores pueden haber surgido allí abajo después de casi dos mil años desde que se usaran los túneles por última vez. Desde las Guerras Tempranas, nadie ha recurrido a ellos. Esos túneles llevan a algún lugar al sur, más allá del bosque de Medanforst. Son dos días de viaje a pie, y nadie ha encontrado nunca la salida; podría estar sepultada o incluso algo peor.

Jenna se volvió hacia él con una expresión decidida pero cargada de preocupación.

—Esa es la razón por la que esto debe seguir siendo un plan de contingencia, no una estrategia definitiva. No estamos huyendo aún, Artur. Solo estamos preparándonos para lo peor. Si la oscuridad continúa apretando su cerco, quiero que tengamos al menos una posibilidad, una ruta de escape preparada. Debemos enfocarlo no como el plan que ejecutaremos, sino como uno que mantendremos en reserva. Nuestra prioridad sigue siendo proteger Urt aquí, en la superficie.

Artur la observó en silencio, sintiendo el peso de aquella terrible responsabilidad compartida.

—De acuerdo, haré los preparativos necesarios. Me aseguraré de que sea solo eso, la última alternativa.

Jenna esbozó una leve sonrisa, agradecida por su lealtad.

—Confío en tu juicio, Artur. Y recuerda, no estamos solos en esto. Hay más en juego que solo nuestra ciudad. Debemos ser inteligentes y cautos, para que si lo peor llega, no nos tome por sorpresa.

Artur inclinó la cabeza en señal de respeto y firmeza.

—Así se hará, mi señora.

Acto seguido, el caballero se levantó de su asiento y, con un gesto de despedida, se dispuso a marcharse. Pero antes de que se fuera, Jenna le dijo:

—Artur, pon al corriente de todo a Mervak, él sabrá cómo ayudarte.

El caballero frunció ligeramente el ceño. Su orgullo y su posición le impedían tener que recurrir a la ayuda del aventurero, aunque reconocía que su apoyo en un asunto tan delicado como aquel podría ser muy valioso.

—Así lo haré —respondió con dignidad.

Pero antes de despedirse, observó a Jenna y lanzó una última pregunta:

—Si todo esto se llevara a cabo, ¿qué haríamos con varios miles de ciudadanos al salir del túnel? Más allá del bosque de Medanforst está la población de Cintra y los campos de cultivo de Ossiva, pero no tienen capacidad suficiente para acogernos. Además, no sabemos si también han sido engullidos por la oscuridad.

Jenna escuchó con detenimiento las palabras del caballero y, tras una breve pausa, con una mirada que reflejaba un conocimiento oculto, respondió:

—Artur… lo que pocos saben es que, en realidad, ese camino subterráneo no lleva a Medanforst.

history_edu

> Apoya el proyecto_

Esto me ayuda a pagar el hosting mensual. Si quieres colaborar puedes apoyarme invitándome a un café :). Es el mejor combustible para seguir adelante.

PAGO DIRECTO VÍA STRIPE APOYO DIRECTO A Felip Granados

Si te ha gustado "La única salida – Capítulo 4 Decisiones", no olvides echarle un ojo 👀 al resto de relatos de la web. 😊

auto_stories

¿Quieres saber cuándo sale el siguiente capítulo?

La historia continúa. Únete a la Crónica para recibir un aviso en cuanto se publique la continuación.

Avísame del próximo capítulo

Selecciona un relato...

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad