Lo que más me fascina del universo de terror de Stephen King es cómo la maldad humana se filtra en determinados lugares hasta cobrar vida propia, dejando esas zonas permanentemente impregnadas de su esencia.
Son lugares que aterran a causa del miedo que provoca conocer que allí han pasado cosas que pueden haber alterado el tejido de la realidad. Ese miedo no es el de Hollywood, con la música subiendo de volumen justo antes de que un monstruo salte a la pantalla.
Me refiero a otro miedo, el que se te mete en el estómago cuando entras en un sitio extraño y notas que el aire pesa más de lo normal. Que la luz no rebota igual. Ese miedo que te da una certeza irracional de que las paredes han visto cosas que tú, por tu propia salud mental, preferirías no conocer.
En Relatos Fantásticos nos encantan las historias, pero a veces la realidad es bastante más escalofriante que cualquier monstruo.
Hablemos de lugares malditos entonces…
No obstante, quiero alejarme de los sospechosos habituales. No os voy a hablar de Amityville, ni de la torre de Londres, que al final parecen más parques temáticos para turistas, que otra cosa.
Vamos a viajar a un lugar del mapamundi donde el velo entre lo cotidiano y lo macabro es tan fino que si uno se lo propone, incluso podría escuchar como se desgarra.
Poneos cómodos. O no, mejor quedaos un poco incómodos. Así se lee mejor esto. Porque nos vamos a Venecia, a una isla con un pasado terrible. Viajamos a Poveglia.
La isla de la que Venecia no quiere hablar
Si has estado en Venecia, seguro que te has tomado un spritz en una terraza mirando los canales, pensando en lo idílico que es todo. Bueno, pues a tiro de piedra de ese romanticismo de postal, en la misma laguna, hay un trozo de tierra plano y cubierto de maleza que los pescadores locales evitan como si fuera peste negra. Literalmente.
Se llama Poveglia.

La historia de esta isla es una acumulación de desgracias en capas, como una lasaña de sufrimiento humano. En el siglo XVIII, cuando la peste bubónica arrasó Europa, Venecia —que era un puerto comercial gigantesco— necesitaba un lugar donde tirar a los enfermos para que no contagiaran al resto.
Poveglia se convirtió en ese lazareto. Si tenías un sarpullido o tosías un poco más de la cuenta, te metían en un bote, te cruzaban la laguna y te dejaban allí para morir.
Dicen las malas lenguas (y algunos registros bastante serios de la época) que quemaban los cuerpos en fosas comunes. Tantos quemaron que el suelo de la isla, hoy en día, tiene un porcentaje absurdamente alto de ceniza humana. Estás pisando personas. Bueno, tú no, porque el gobierno italiano tiene prohibido el acceso, pero ya me entiendes.
Tantos quemaron que el suelo de la isla, hoy en día, tiene un porcentaje absurdamente alto de ceniza humana.
Pero lo peor no fue la peste. Lo peor llegó en los años 20 del siglo pasado. Allí se construyó un gran edificio. Oficialmente era un asilo para ancianos, una residencia. Extraño lugar para llevar a los abuelos, ¿no? Pero en realidad, parece ser que terminó funcionando como un hospital psiquiátrico.
Aquí es donde la historia se vuelve un poco turbia y donde cuesta separar el mito de la realidad. Se habla de un director médico —del que ahora no recuerdo el apellido—, un nombre italiano común… bueno, da igual, la cuestión es que era un psiquiatra de la época que, al parecer, se volvió loco.
El tipo empezó a experimentar con los pacientes —lobotomías con taladros de mano, tratamientos de choque pasados de rosca, y en general, todo un elenco de torturas medievales disfrazadas de ciencia—. La leyenda cuenta que el médico acabó tirándose desde la torre del hospital porque los fantasmas de los pacientes lo perseguían. O igual lo empujaron. Quién sabe.
Lo curioso es que, si ves fotos actuales de la isla tomadas por algún urban explorer que se ha jugado la multa saltándose el bloqueo marítimo, el sitio no da miedo porque esté oscuro. Da miedo porque está abandonado a plena luz del día.

Las camas de hierro oxidado siguen allí. Las bañeras donde metían a la gente para “calmarla” están cubiertas de hiedra. Es el silencio lo que aterra. He escuchado incluso algunas declaraciones que explican que lo que más impresiona es que allí no cantan los pájaros. Ninguno. El cielo está vacío sobre Poveglia.
…el médico acabó tirándose desde la torre del hospital porque los fantasmas de los pacientes lo perseguían.
Lo curioso del asunto, es que a día de hoy, una asociación Veneciana ha comprado la isla y pretende crear un parque natural, o aún no se sabe si incluso un complejo de relax.
No he podido evitar al leer esta noticia, recordar cierto fragmento de “El Color del Espacio Exterior” del maestro de Providence, H.P. Lovecraft. Sin hacer spoiler, diré que es un fragmento muy similar al hecho de intentar sepultar el pasado horrible de un lugar, bajo una nueva fachada.
¿Bastará ese lavado de cara para ahuyentar la maldad que pueda haber quedado arraigada a un pasado tan atroz?
Y sobre todo me quedo con una duda diría que muy pertinente:
¿Irías a pasar allí unas vacaciones?

