La única salida – Capítulo 1 La llegada
Novela
I
CAPÍTULO I

La única salida – La llegada

Bajo el espesor de aquel inmenso océano se encontraban las ruinas de Kalam Denor, sumergidas desde tiempos remotos. Pertenecientes a la época de las Guerras...
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Autor Felip Granados
Fecha 27 de diciembre, 2025
Tiempo 5 Minutos

Bajo el espesor de aquel inmenso océano se encontraban las ruinas de Kalam Denor, sumergidas desde tiempos remotos. Pertenecientes a la época de las Guerras Tempranas de Ikán, seguían aún vigentes en las mentes de los seres que habitaban aquellas tierras. Kalam Denor, junto a las Atalayas Cobrizas y la hexagonal ciudad de Urt, fueron en su entonces las tres glorias del reino de Selenia.

El viento corría a gran velocidad, chocando con las grandes olas marinas que conformaban aquel vasto océano, una dulzura indescriptible mezclada con la ferocidad de las corrientes aéreas ofrecía un espectáculo sin igual.

En el corazón de aquella inmensidad azul, como un faro solitario en un mundo dominado por el agua y la ventisca, emergía, aún visible, un fragmento de la antigua torre Ámbar de Kalam Denor, la anegada ciudad de los gnomos. La torre, rodeada por kilómetros de solo mar, se alzaba como un testigo silencioso de un pasado sumergido y olvidado.

Aunque gran parte de la ciudad yacía oculta bajo las profundidades, lo poco que quedaba visible de la torre Ámbar aún desafiaba al tiempo y al olvido. Su cima, sobre las olas, era el pico de lo que una vez fue el templo más importante y reverenciado del reino. Esta estructura, a pesar de estar sumergida casi por completo, aún conservaba su esplendor y grandeza, recordando la antigua gloria de los gnomos.

Las plantas marinas se habían hecho con gran parte de la ciudad, cientos de especies surgían por todos lados, enmarcando un reinado de hoja y piedra similar al de los edenes de las historias de antaño.

Pero algo destruía aquella sensación de tranquilidad y grandeza, una maldad creciente avanzaba devorándolo todo a su alrededor. Desde el sur, una nube oscura, densa como la tinta y misteriosa como la noche, avanzaba implacable, abriéndose camino a través del vasto océano. Esta sombría amenaza, voraz y enigmática, engullía todo a su paso.

Urt, la capital hexagonal del reino de Selenia, se alzaba en una gran isla al sur del continente. Era un bastión de luz y cultura, con un diseño único donde las rectas y los afilados ángulos delineaban una perfección casi mística, lo que la hacía resplandecer como una joya en medio del océano. Pero esa joya, que una vez irradió esplendor y sabiduría, ahora había caído bajo aquella sombra amenazante. Esa nube oscura, como una bestia insaciable, había engullido la isla y rodeado la ciudad, aislándola y sumergiéndola en un abismo de desesperación y silencio, cortando así sus vínculos con los demás reinos del continente de Galandria.

Ese mal, que había devorado parte de la luz del reino de Selenia, ahora se desplazaba, inquietante y sigiloso, a través de las aguas, hacia el resto de los reinos del continente.

La semilla del mal había crecido en el seno de aquel mundo, el augurio de la destrucción era profetizado en todos los lugares, la gente corría y escapaba por terror a lo desconocido. En toda la historia del continente de Galandria, era ese el primer caso en el que los tres grandes reinos que lo formaban: Selenia, Unimanor y los Albos, se habían visto amenazados por un enemigo común.

Un mal desconocido acababa de llegar arrasando y consumiendo todo por allá donde pasaba. Elden Valorian, rey de la potencia central de Unimanor, no cesaba en sus concilios. Cientos de mensajeros recorrían las baldías tierras de ciudad en ciudad, de centro en centro y de casa en casa, reclutando un ejército de impresionante grosor.

Los mariscales planeaban las estrategias a seguir, las alianzas entre los reinados eran inminentes, dejando atrás muchos de los conflictos que les acontecían, para así agruparse y protegerse mutuamente.

Pero, como sucede con todas las desgracias, estas nunca llegan solas. En Unimanor se detectaron varios brotes de una enfermedad desconocida y letal. La gente se retorcía en convulsiones por las calles, mientras los templos clericales se desbordaban en fervientes plegarias a sus dioses.

En los montes sagrados del Yugón, cientos de monjes de las órdenes del Búho y de la Savia habían desertado, dando origen a una nueva religión. Una secta sin escrúpulos que se dedicaba a confraternizar con bandidos y nigromantes bajo el pretexto de salvar sus almas.

Y todos esos males, que desangraban y consumían las corrientes vitales del continente, compartían un nexo oscuro e ineludible. Estaban intrínsecamente ligados a aquella densa nube negra que había surgido en el sur, y que se expandía con una clara trayectoria. Un sendero sombrío que comenzaba en Urt, la capital de Selenia en la isla del suroeste, y avanzaba inexorablemente hacia la imponente Unimanor, en el corazón mismo del continente.

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