Historias de fantasía

Damodok, el archivista de finales

En un universo donde los límites entre los mundos son tan frágiles como la frontera entre la vigilia y el sueño, se erige la ciudad...
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Autor Felip Granados
Fecha 06 de enero, 2026
Tiempo 4 Minutos

En un universo donde los límites entre los mundos son tan frágiles como la frontera entre la vigilia y el sueño, se erige la ciudad de Banak-ghor, un lugar oculto, invisible en los mapas, un susurro entre dimensiones. Banak-ghor, con sus edificios carcomidos por el olvido y sus calles ahogadas en un silencio sepulcral, es el hogar de Atherion, un ente al que algunos llaman ahora, Damodok.

Atherion no siempre fue la sombra que es ahora. En los albores de la ciudad, era el protector de Banak-ghor, un guardián nombrado por los antiguos arquitectos del cosmos para vigilar el flujo de la realidad, la tela de los sueños. Su forma, una vez gloriosa y luminosa, se entrelazaba con las estrellas, y sus ojos, brillantes faros de luz, salvaguardaban las almas de los viajeros de las acechantes y oscuras tinieblas.

Pero algo ocurrió al margen de su voluntad. Los habitantes de Banak-ghor, que una vez buscaron conocimiento y verdad, se sumergieron en la codicia y la corrupción. Sus corazones se oscurecieron, y con ellos, también lo hizo la ciudad. Atherion, alimentado por las esperanzas y sueños de aquellos a quienes protegía, comenzó a marchitarse a medida que la ciudad caía en la desgracia y la desesperanza. La luz de sus ojos acabó por extinguirse, y la oscuridad, como una carcoma infame, se apoderó de su ser hasta transformarlo en Damodok, un reflejo retorcido de toda la desolación que lo rodeaba.

Ahora, Atherion, el que antaño fue guardián, deambula por las calles de una ciudad caída. Su presencia es una neblina que se cierne sobre los escombros y las ruinas del lugar. Se ha convertido en un recolector de historias, un archivista de finales, cada uno de sus múltiples ojos es una ventana a una historia de pérdida y ruina. En contra de lo que su apariencia pueda sugerir, Damodok no es un ser malvado, sino más bien la última memoria viviente de su antigua Banak-ghor, un testigo de los ecos de un pasado que se niega a desaparecer por completo.

Aquellos condenados que conocen su existencia, vagan por las sombras crepusculares de Banak-ghor, en los límites de las tinieblas, buscando desesperadamente a Damodok . No lo hacen movidos por la esperanza de redención, pues sus almas están demasiado desgarradas para tales fantasías, sino para compartir sus relatos. Anhelan confiarle sus historias a la entidad antes conocida como Atherion, en un acto último de desesperación para preservar su memoria frente al olvido inminente.

Ellos le hablan, no con palabras, sino con susurros del alma. Cada confesión es un fragmento de su ser que esperan salvaguardar del vacío. Damodok recibe estas historias no como un señor oscuro y despiadado, sino como el último custodio de la memoria de Banak-ghor. En ese acto de inconmensurable piedad, Damodok ofrece santuario para la esencia de aquellos que ya nunca jamás serán recordados. En el acto de compartir sus relatos, los condenados encuentran un consuelo perverso; sus memorias serán preservadas, sus identidades resguardadas en el corazón de la oscuridad que una vez fue luz. Y en ese momento fugaz, cuando una historia más se une al silente archivo de Damodok, se vislumbra un atisbo del antiguo fulgor de Atherion, un recordatorio melancólico de que en la vastedad de la desesperación, aún existe una belleza sombría: la belleza de un recuerdo que persiste contra toda esperanza, resistiendo la marea del olvido hasta el final de los tiempos.

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¡Gracias por leerme! Espero que hayas disfrutado de este relato breve.

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