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En tierras de nadie, es allí donde recuerdo los motivos de mi ambición. La causa que mantuvo alejado del mundo a mi corazón.

Un viento volaba desde el frío y desconocido norte, donde las ramas eran más altas y las burbujas más escasas. Es allí donde dirigí todos mis pesares, a ese mundo en decadencia donde los humanos controlaban, por necesidad y por temor.

En tierras de nadie, donde las razones eran desesperadas. Las inciertas creencias por falsas interpretaciones fueron labradas.

Un anochecer en el extenso valle sobrecogió mis suspiros, donde con tanta demencia y frenesí deseé escapar por miedo a la realidad. A una realidad egoísta y pretenciosa, que, bajo la mirada de sus oscuros azabaches, me asestaba sus crueles golpes.

En tierras de nadie, donde ríos y corrientes confluyen en destierro, erigían aquellos grotescos monumentos a sus deidades, en sangre y puro hierro.

Un grito de agonía y perceptible terror, oí el tumulto de mudas voces que ante el ciego entorno se mostraban. Aquel borroso mundo, en el cual las lógicas menospreciaban a sus ancestros.

En tierras de nadie…

Hubiera muerto por lograr el amor, que como única salida mostraba mi desesperación. Aquel siseo que tan perplejo me dejaba, aquellas miradas que en la sufrida atmósfera yo aguantaba.

Todo frente al dolor, la causa y la cruel sensación. Cuanto hubiera dado por su calor. Ansiaba sus caricias, sus sutiles movimientos…

En tierras de nadie…

Donde el orden no es más que un débil susurro.


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Este obra cuyo autor es Felipe Granados está bajo una licencia de Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional de Creative Commons.
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